Tu mediocridad te ha salvaguardado
seguramente de causar daño y dolor, sino
en cantidades miserables.
Prueba una vez a sonreir a un desconocido.
Llama una vez tú primero a uno de los amigos
que cuando lloras te llaman.
No te compadezcas de tí mismo,
no seas el juez payaso de tí mismo.
La única culpa es la vileza; por otra parte,
no eres el único que ha anidado envidias, perezas, arideces.
Es imposible que no haya en el chiscón de tu alma
la sombra de algún modesto don.
Levántate de la cama un instante antes de cuando tú quisieras, (como predicabas a tus actores, a tus hijos).
Álzate y persigue los últimos destellos de tu show.
Golpéate sin el vicio de condenarte.
renuncia a rumiar fórmulas.
Desvíate del itinerário obligado.
Tira los amuletos.
Relee lo que has leido mal, entendido mal u olvidado.
Desgramatízate.Trasgrede la puntuación.
Grita a una platea al fin vacía; actúa para los desconocidos,
para las ausencias encantadoras.
Escribe...
Sí, esto, escribe un libro.
Pero no éste, otro.
Vittorio Gassman
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